Por supuesto, Gran Hermano entra dentro de mi agenda setting -aunque sólo vea unos minutos al día y por casualidad- y este año la estrella es Amor. A colación de su paso por la casa, tuve una conversación (discusión) con una amiga. Ella me decía que si se enrollaba con un tío, se enamoraba y al cabo de seis meses le decía que nació tía, lo mataba... o como mínimo, lo dejaba. Yo argumentaba que en el grado de ese amor estaba la capacidad de perdonar o de comprender. Me decía que en una relación de pareja o amistad, lo más importante es la sinceridad. Yo opinaba -y opino- que la sinceridad es inversamente proporcional a la intolerancia y al miedo a las reacciones sociales y que si él no había dicho nada hasta seis meses, un año, seis años después, no era por falta de ganas, sino por terror al desprecio. ¿Que problema hay si lo quieres? Zanjé la conversación por pánico a perder el respeto a mi amiga. Hay aspectos de su pensamiento que prefiero no conocer... pero bueno, el amor que siento por ella, lo puede todo ¿no?
Me acordaba de esa conversación mientras veía ayer por la tarde, Mi vida en Rosa, película francesa con diez años de historia del director Georges Du Fresne. La película narra la historia de Ludovic un varón que con 7 años tiene las cosas bien claras. Quiere vestirse de princesa y vivir en el mundo de su muñeca. Pertenece a una familia común, tiene dos hermanos y una hermana, y su padre trabaja para un jefe conservador que tiene un niño que va a clase con Ludovic. Acaban de mudarse a un barrio burgués, donde todo es supuestamente calmo y feliz.
Muchas veces me había preguntado como se siente un niño o una niña cuando descubre que un pene o una vagina no cuadra en su pequeño cuerpo y esta película ofrece una de las muchas lecturas que puede tener el asunto. No me gusta la palabra transexual, me suena a pecado, a sucio, a enfermedad. Me suena a insulto y quizás el motivo es que ni la sociedad, ni yo con ella, hemos evolucionado lo suficiente como para aceptar que detrás de un/una transexual hay una persona, que sufre, siente, padece... y que lo hace desde mucho antes de que los demás descubramos que comernos los mocos es una cochinada. ¿Por qué no decir, simplemente hombre o mujer? O más fácil, porqué no hablar de personas.
Vuelvo a la película. Estamos pues, en un barrio burgués. El niño insiste en su deseo de ser niña y lo hace de forma notoria. En vez de pensar "son cosas de niño" y permanecer indiferentes ante las "extravagancias" del menor, los vecinos entran en una dinámica de destrucción: consiguen que al niño -repito, de 7 años- lo expulsen del colegio y que el padre sea despedido por el jefe, que cree que la culpa de que su hijo sea un pequeño homosexual es de Ludovic -tampoco el futuro psiquiátrico de este menor es esperanzador-. Hasta los propios progenitores del "niño-niña" (como el mismo se define) soportan la presión. En vez de buscar la causa de su repentina inestabilidad familiar en los ataques una microsociedad hipócrita, acaban dándola la razón. Y no sigo porque os destripo esta historia llena de ternura, de verdad y de reflexiones.
Creo que todos deberíamos tener un miembro de uno de los llamados colectivos minoritarios en nuestra vida. Quizás así descubriríamos que somos tan diferentes y tan parecidos a ellos como al resto de los humanos. No quiero dar la imagen de una persona sin prejuicios. Tengo, y muchos... muchísimos.... A veces me doy miedo. Gracias a las mentes privilegiadas -o con prejuicios distintos a los míos- existen películas como esta, que favorecen la comprensión y ponen ante un espejo a todos aquellos que en algún momento piensan (o pensamos) que el otro es menospreciable... Ojala en un futuro todas estas cosas sean insignificantes.
(He pinchado en el corrector de este blog y me pone que transexual está mal escrito. Le doy a ver si en realidad me faltan o me sobran letras y me sale para corregirlo "tornasola, tornasol, tornasole, tornasolo..." palabras que ahora mismo no sabría como coño definir. Con cierto mosqueo me he ido a la RAE para ver como se escribe y efectivamente, se hace tal y como yo lo pongo. Os pongo las definiciones: 1. adj. Dicho de una persona: Que se siente del otro sexo, y adopta sus atuendos y comportamientos. U. t. c. s.2. adj. Dicho de una persona: Que mediante tratamiento hormonal e intervención quirúrgica adquiere los caracteres sexuales del sexo opuesto. U. t. c. s. En resumen, que hasta el corrector de este blog no tiene asumida la existencia de personas que nacen con un cuerpo y una mente en conflicto)
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3 comentarios:
Enhorabuena por aprender a poner links!! ahora te falta tener más lectores/as para ir ampliando la lista :)
Muy buena tu teoría.
Saludos
Yo de pequeña queria ser niño. Las niñas me parecian tontas y aburridas, y yo queria ser como mi hermano (no entiendo como mis padres no sospecharon nunca mis tendencias sexuales).
Creo que lo de ser niño me duro casi casi hasta los 13 años.
Ahora me siento muy bien siendo chica, y no me considero lo que la gente llama "marimacho".
Asi que yo tampoco no entiendo muy bien como va esto de la transexualidad. Todos lo sienten desde pequeños? Todos acaban rechazando su cuerpo o algunos acaban aceptando lo que les ha tocado?
Es una pena que algunas minorias sean discriminadas incluso por otras minorias que, en teoria, deberian ser mas comprensivas
No creo que en podamos pensar en todos... me explico: habrá quien acepte su cuerpo, habrá quien no lo acepte nunca, habrá quien convive con él por miedo y quien lo hace por mero hedonismo... Tenemos la costumbre de dividir la sociedad por etiquetas, aquello de "dios les cría y ellos se juntan". Nos vamos con los que no nos rechazan, con los que nos quieren a pesar de todo... ¿Que lo encontremos en personas que comparten con nosotros una serie de "diferencias"? Quizás porque hay quien no las acepta y quizás a ellos no los acepto yo, porque no aceptan mis diferencias... No sé... También lo digo, mola mucho encontrar a alguien a quien has cerrado la puerta un día, conversar y descubrir que más allá de lo que no te gustó hay una enorme persona.
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